Tras desprenderse del cohete lanzador Ariane 5, el ARSAT-2 quedó en una órbita elíptica de 300 km. a la altura de perigeo y habrá recorrido alrededor de 2280 km. Desde allí, la Estación Terrena Benavídez de ARSAT tuvo a su cargo el seguimiento, interpretación y ejecución de comandos que permitieron llevar al satélite a los 35.786 km de altura y ubicarlo en la posición 81° de longitud Oeste.
Puesta en órbita del ARSAT-2

Fue la segunda vez que un país latinoamericano tuvo a su cargo la puesta en órbita de un satélite geoestacionario de telecomunicaciones. La primera fue en 2014, con el ARSAT-1. Las primeras instrucciones que recibió el satélite fueron transmitidas a través de una red compuesta en conjunto con otras tres estaciones terrenas distribuidas en otros continentes, dado que el satélite pasa parte de su trayectoria orbital “debajo del horizonte”, sin una línea recta de comunicación con la Argentina. La ventana inicial de tiempo para “interrogar” al satélite y “subirle” instrucciones es de muy pocas horas. Desde su llegada a órbita geoestacionaria, la Estación Terrena Benavídez de ARSAT mantiene contacto constante de forma directa con el satélite.

Para transformar la órbita elíptica desde donde lo deja el lanzador hasta alcanzar una perfectamente circular a altura de apogeo (35.786 km.), los satélites recorren aproximadamente 400.000 km. en sucesivas órbitas, mediante 5 disparos de distinta duración de su motor de apogeo de 400 Newton. En el caso del ARSAT-1, la operación fue tan exitosa que economizó una cantidad de combustible que aumentó el tiempo estimado de vida útil para el satélite: se esperaba un gasto de hasta el 80% de sus propelentes, pero sólo se gastó el 68%.

El software de comandos utilizado (desarrollado en el país) y un equipo humano capacitado y entrenado por ARSAT fueron decisivos para el éxito de la puesta en órbita del ARSAT-1. Esta experiencia adquirida resulta fundamental para poner en órbita un segundo satélite en 2015.