En los últimos años se produjeron importantes avances y desarrollos en el sector espacial a nivel regional. Esto permite vislumbrar un escenario propicio para la cooperación entre los distintos países para promover un mayor crecimiento y competitividad sistémica para la región.
Perspectiva

Argentina, por su parte, avanzó significativamente en el área espacial: se lanzó exitosamente la misión SAC-D/Aquarius, se construyó el Centro de Ensayos de Alta Tecnología (CEATSA), continuó la construcción del satélite SAOCOM y el diseño del sistema SARE, se avanzó en el proyecto del lanzador de satélites Tronador II y finalizó la construcción de los satélites ARSAT-1 y ARSAT-2 que prestan servicios desde 2014 y 2015, respectivamente.

La actividad espacial también tuvo gran auge en diversos países de la región, como es el caso de Venezuela, que cuenta con las misiones Simón Bolívar (comunicaciones) y Miranda (observación de la Tierra). Por su parte, Bolivia puso en órbita el Tupac Katari (comunicaciones) en 2014, Ecuador lanzó las misiones cubesat y Uruguay desarrolló el proyecto de satélite cubesat Antel-Sat. Perú adquirió recientemente un satélite de observación submétrico, como también lo hizo Chile hace unos años. Brasil cuenta con un ambicioso plan espacial, incluso con una misión en cooperación con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) de Argentina: el SABIAMAR.

Este contexto genera las condiciones propicias para avanzar hacia una mayor integración de los países de la región en la actividad espacial. Su complejidad e importancia estratégica así lo requieren en pos de lograr una mayor autonomía del sector en la región.

Para este impulso es fundamental contar con mecanismos de complementación productiva que respeten la determinación de los países, evitando las asimetrías y favoreciendo el crecimiento y la competitividad sistémica del sector a nivel regional.