ARSAT, creada en 2006 por la ley 26092, tiene a su cargo la implementación de todos los medios necesarios para el diseño de los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones, su desarrollo, construcción en el país, lanzamiento y puesta en servicio en las posiciones orbitales (y bandas de frecuencias asociadas) que resultaren asignadas a la Argentina por U.I.T. y la correspondiente comercialización de los servicios satelitales y conexos.
Proyecto

Si bien en su momento la idea de que la Argentina estuviera en condiciones de fabricar satélites geoestacionarios de telecomunicaciones parecía un imposible, se utilizaron los medios necesarios para alcanzar tal objetivo. En verdad, nuestro país contaba con alguna experiencia en la integración satelital: básicamente, la empresa INVAP S.E. llevaba años trabajando junto a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en satélites de observación de la Tierra que, no obstante, presentan diferencias sustanciales con los satélites de telecomunicaciones que se ubican en la órbita geoestacionaria.

Mientras un satélite de observación como los desarrollados en la Argentina pesa entre unos 500 a 1.500 kg, orbita entre los 200 y los 1.200 km de distancia de la Tierra y tiene una vida útil prevista entre 3 y 5 años; un satélite de telecomunicaciones de la flota ARSAT pesa 3 toneladas, orbita a casi 36.000 km de distancia de nuestro planeta (donde no cuenta con ninguna protección de los campos magnéticos de la Tierra y está expuesto a un hábitat sumamente hostil) y tiene una vida útil planificada de 15 años. Además, el satélite geoestacionario es mucho más costoso no solo en lo que hace al lanzamiento sino también en su fabricación ya que debe cumplir con requerimientos mucho más estrictos de confiabilidad y de disponibilidad de servicio para una vida útil tres veces más larga que la de un satélite de observación.

El Estado nacional no solo se mostró decidido a la protección de recursos estratégicos y escasos como las posiciones orbitales, sino también a aumentar el nivel de soberanía tecnológica mediante la integración en el país de los satélites y el desarrollo consecuente de las capacidades necesarias para hacerlo. Todo esto colabora además con la política pública en materia de telecomunicaciones, ya que permite contar con nueva infraestructura para brindar conectividad de igual potencia y calidad a cualquier punto del país (desde La Quiaca a Ushuaia, la Antártida argentina y las Islas Malvinas), incluyendo así a zonas que en el pasado no recibían cobertura e incrementando su posibilidad de desarrollo.

En particular, el ARSAT-1 permite que lugares de nuestro país que están alejados de los centros urbanos o que tienen baja densidad poblacional no necesiten más que una antena de pequeño tamaño para ver televisión, navegar por Internet, emitir y recibir datos o realizar llamadas telefónicas.